lunes, 26 de diciembre de 2011

La última Navidad sin PRI?


Según rumores y apocalípticas profecías, la pasada navidad pudo haber sido la última de la humanidad. Lejos de una psicosis colectiva, la sociedad mundial y particularmente la mexicana ha recibido con prudencia esa posibilidad; no deja de ser una de tantas señales de nulo nivel de confianza, una anécdota más.

Lo que debería preocupar a la población es la amenaza inminente que se cierne sobre el territorio nacional en perfecta analogía con la teoría de Ernesto Samper respecto de la imposibilidad de los batracios para percibir cambios lentos en la temperatura, por lo que si uno de estos especímenes fuera colocado en un recipiente lleno de agua y esta se expusiera al fuego durante algunos minutos, el animal sin percatarse, sin oponer resistencia y sin huir quedaría cocinado por su nula capacidad defensiva en esas condiciones. 

Resulta asombroso observar la cantidad de seguidores que arrastra el PRI tanto por conformismo, como por conveniencia, pero entender su popularidad desde esta perspectiva nos develaría cierta consciencia de sus simpatizantes respecto del negro historial que el tricolor escribió con sangre, sudor y lana. Pero una evaluación a priori no nos exhibe tal entendimiento, sino que los nuevos adeptos plenamente convencidos enarbolan una ideología y principios que no coinciden con el proceder político histórico del PRI.

Contextualizar palmo a palmo al PRI y sus militantes es imposible por cuestiones prácticas. Por ello sinteticemos y centrémonos en un ícono de su real filiación, el mundialmente famoso Arturo Montiel, un político de medio pelo en cuando a desempeño y labor social se refiere, pero truhán de ligas mayores en cuanto a opacidad y el siempre común enriquecimiento ilícito. Se especula que el tipo es uno de los hombres más ricos de México, maquillando su inmensa fortuna a través de decenas de prestanombres, quienes entre sus haberes se encuentran en éxito inmoviliario al sur de la Ciudad Toluca. El punto de Montiel y su apabullante riqueza es interesante, pero más grave (si se puede) es su máxima creación, el bateador emergente y guardaespaldas: Enrique Peña Nieto.

Aquel que dice ser la encarnación del “Nuevo PRI”, tiene plena consciencia y memoria (bueno quizás eso último no) de todo cuanto el Revolucionario Institucional se valió por décadas, para conservar el poder y adquirir la lealtad de los medios que en México tuvieron un papel disfuncional como destructor y limitante del discernimiento social a sangre y plomo de ser necesario y lo ha usado para su beneficio oligárquico, regional y nacional.

Con base en una personalidad atractiva para la pusilánime colectividad mexicana, el creador de falacias y éxitos populares: Televisa se comprometió a transmitir con escrupulosa responsabilidad la vida y obra de Enrique Peña, portadas, encabezados y emisiones lo mencionaban con la vehemencia de un oferente para complacer a un cliente exigente. Y de esta condición de inminente retorno del PRI a la Presidencia sólo hay un artífice: Arturo Montiel.

La propia ignorancia de Peña se ha encargado de colocarlo en su justa dimensión intelectual, grave, muy grave, pero nada que por el momento le quite la presidencia de un país cuyo criterio es forjado en los mediocres noticieros del duopolio de facto priísta (Televi-Azteca).

Podríamos ahora mismo estar en la hirviente vasija sin que los acontecimientos diarios en Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila, Chihuahua, Veracruz, Durango, etc. Nos aparten del letargo ignominioso de una realidad que nos empeñamos en negar.

El narcotráfico y la delincuencia invadieron los Estados gobernados por el PRI, paso a paso, colocándose en alcaldías estratégicas, financiando campañas, amedrentando disidentes, asesinando rivales políticos e ideológicos, secuestrando, matando y humillando con la protección y beneplácito del PRI.

Entre la mafia y el PRI se ha conformado una sinergia en la que no se distingue criminales de militantes. Apostando por el retorno del status delictivo tan común durante los mandatos tricolores.

Los desfalcos y fraudes electorales de los Moreira y Peña Nieto, la colusión de Fidel Herrera, Torre Cantú, Rodrigo Medina y (de nuevo) Enrique Peña no es producto de la prensa sensacionalista, en sus respectivas comarcas todos los días muere un disidente ideológico, un periodista incómodo.

La realidad de los Estados en los que el PRI gobierna está mucho más allá de lo que los medios contratados para adular a Enrique Peña nos dirán jamás, la delincuencia está en pie de guerra, esperando la señal tras la (muy posible) ansiada victoria del PRI este 2012.

Así la verdadera catástrofe para los mexicanos está por el momento 20 puntos arriba de sus contendientes, con los mexicanos atrapados en una vasija de agua hirviente sin percibir que corrimos hacia nuestra propia aniquilación, confirmando con esclavitud, temor y sangre aquello que los mayas quizás pretendieron advertirnos y que decidimos ignorar.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More